jueves, 18 de septiembre de 2014

SHAKESPEARE EN LA SELVA

Por: Pilar Alberdi


Recuerdo la primera vez que leí el artículo de antropóloga cultural, Laura Bohannan: Shakespeare en la selva. El texto era revelador, en unas pocas páginas quedaba al descubierto la importancia del «etnocentrismo», el «relativismo cultural», algo que deberíamos tener muy en cuenta, y como afectan ambos a nuestras vidas. Pero mejor, voy por partes. 
¿Qué sabemos de África? La verdad es que, en general, poco. Lo que hemos estudiado, información que nos ofrecen o buscamos. Algunos temas: conflictos políticos, bélicos, étnicos; pobreza; la enfermedad del ébola, la emigración. Otros temas como el del aparthaid en Sudáfrica han pasado a un segundo plano. Realmente, África es muchas Áfricas.
Nos llega, sí, ese corazón de África a través de los medios de comunicación, pero es como un canto lejano, los enfermos de ébola son otros, las personas que escalan las vallas de Melilla y se lastiman con las concertinas son otras, los que se ahogan en el Mar Mediterráneo intentando llegar a Europatambién son otros. 


Las ONG, nos explican que en los últimos conflictos, por ejemplo en Sudán, ya no se respetan los hospitales, ni a médicos, enfermeros o enfermos a quienes también se asesina. Oímos de grupos guerrilleros, de terrorismo, de secuestros, de diferencias por creencias religiosas, pero no comprendemos. No conocemos bien lo que sucede, sólo sabemos lo que nos cuentan. Leía ayer en la prensa que todos los años se invierten en África cien mil millones de euros, pero se sacan de allí 140.000 millones, entonces ¿de qué ayuda hablamos? Sabemos de los intereses de corporaciones y países sobre las riquezas mineras y ecológicas del territorio. Nos preocupa. Pero de todo, sabemos poco y mal, y es necesario confiar en lo que algunos saben mejor, mirar la historia de África y comprender lo que representó aquel comercio de «esclavos» para la llamada Revolución Industrial, a través de los cultivos de algodón de de Norteamérica, el colonialismo, el mercantilismo, luego la creación de Estados que no tuvieron en cuenta los territorios ni las relaciones entre etnias. Pero no soy yo quien pueda explicar mejor qué sucedió y sucede en África. Llegados a este punto, retomo el tema de Shakespeare en África, no sin antes decir que África somos todos, no sólo ellos, los que viven allí y la sufren, sino también lo que hicimos y hacemos los europeos, lo que hay tras las decisiones políticas.


Sería yo una adolescente de no más de catorce o quince años cuando leí un libro de Proverbios africanos y quedé encantada. Pero por entonces, ni siquiera tenía conciencia de que la llamada «cultura de la escasez», idea esencial en Europa sobre el pasado de la humanidad de tribus o bandas, no tenía que ver con eso, sino con la «cultura de la abundancia» como han demostrado algunos antropólogos, desmontando al mismo tiempo esa otra idea de la «evolución de las culturas». Los bosquímanos, antes, no precisaban más que de su entorno para cazar y recolectar, eso ha sido hasta hoy su «cultura de la abundancia», en unas tierras que a nosotros pudieran parecernos casi estériles pero que contienen en su seno diamantes. Sin embargo, ahora que el gobierno ha prohibido la caza se enfrentan a la pérdida de su identidad. Las razones, aquí.



Aquellas frases, como comenté anteriormente, resumían la «cultura oral» africana, pero también su enorme humildad y paciencia. Al menos, así lo sentí por aquellos días, y aún después, todas las veces que releí aquel libro. Con el tiempo accedí a varios autores africanos o que han escrito sobre temas africanos, pero la mayoría de ellos de origen europeo, por ejemplo, LessingCoetzeeDenissen. Y día a día, y cada vez más, podremos acceder a autores nativos.



Sin embargo, mediada mi vida, hace unos pocos años tuve la oportunidad de leer un artículo de la antropóloga Laura Bonhannan, en el que la realidad de las diferentes culturas se mostraba como un diamante. Ella nos descubre en ese texto, no lo que es África, sino lo que somos nosotros, los que pensamos que vivimos en el «mundo civilizado» y nos regaló una lupa con la que mirarnos de cerca. Lo consiguió, no con un largo trabajo que explicase cómo fueron llevados a la esclavitud once millones de africanos, ni el sufrimiento que han padecido los habitantes de África. Lo explica desde la experiencia inmediata de su «trabajo de campo» como etnógrafa, y la posibilidad de encontrarse en ese momento en un entorno que no es el suyo y contar un cuento. Ni siquiera necesitó comentar viejas disputas entre etnias ni la historia del continente que, a fin de cuentas, está escrita por otros países. Resumiré la cuestión. Ella se encontraba de paso por Gran Bretaña, antes de partir hacia África. Por esos días había comprado un libro de Shakespeare y un amigo le dijo que los norteamericanos no entendían bien al autor inglés. Ella discutió su afirmación porque estaba convencida de que sí lo entendían y de que una buena historia, además, podía comprenderse en cualquier parte. Sin embargo, antes de partir a África, su amigo, que aún tenía sus dudas, le regaló un ejemplar de Hamlet para que lo leyese en la selva. 



Ya en la selva, Laura Bonhannan, se dedicó a lo que iba, a estudiar la lengua de los Tiv (África Occidental), también escuchó sus cuentos, especialmente cuando llegó el tiempo de las lluvias y los hombres se dedicaron a contar cuentos y a beber una cerveza que las mujeres les habían preparado con mijo y maíz.




 Ella, invitada privilegiada en esas reuniones, escuchó con verdadero interés. Sin embargo, para su sorpresa, llegó el día en que los hombres del poblado le dijeron que no le permitirían escuchar más cuentos si ella no les contaba uno de su tierra. Entonces, recordó la discusión con su amigo y que tenía el libro de Shakespeare y decidió contarles la historia de Hamlet, convencida de que un buena historia, como ella pensaba, se entiende bien en cualquier parte. Sin embargo, cuando llegó el día, a medida que les contaba la historia, sus oyentes le ofrecieron sugerencias y discutieron sobre los comportamientos de los personajes, y se vio la dificultad de adaptar a la realidad de la cultura Tiv, algunas palabras.






 Por ejemplo, ellos no encontraban mal que la madre de Hamlet fuese tomada como esposa por el hermano del que fue su marido. Eso era lo propio en su cultura en el caso de que una mujer quedase viuda y un caso típico de «levirato», no hasta hace mucho vigente en Europa. 


La palabra «fantasma» no era fácil de traducir a su mundo, y ellos, finalmente, la aceptaron como «presagio» de un brujo. Y mientras oían la historia y la comparaban con su realidad y su cultura, poco a poco pusieron reparos a las conductas de Polonio, deOfelia... porque no concordaban con sus costumbres, consiguiendo que a Laura Bonhannan la historia de Hamlet, ya no le pareciese la misma. 

No solo habían transformado la historia tal y como ella la conocía, sino que incluso le dieron ideas de cómo deberían haber sido los hechos, incluso más allá del final conocido, es decir, le regalaron otros posibles finales. Cuando el debate ya se daba por terminado, aún tuvo tiempo el anciano jefe del poblado para decirle que la de Hamlet era una buena historia y que esperaba que les contase más y que, ellos, por ser ancianos y vivir en la selva, la instruirían sobre su verdadero significado para que cuando volviese a su tierra supiesen que no había estado perdiendo el tiempo «sentada en medio de la selva, sino entre gente que sabe cosas y que le han enseñado sabiduría». Ahí es nada, ellos también tenían su propio «etnocentrismo».

Qué hay de verdad o mentira en esta historia, no lo sé, pero es una de esas historias maravillosas, que solo puede escribir una persona que se ha visto en la necesidad de moverse entre culturas diferentes, tratando de entender las diferencias, y que nos invitan a una profunda reflexión, y, por supuesto, a reírnos de nosotros mismos y de nuestras creencias y a respetar las culturas de los demás.


Notas: 
Bonhannan, Laura. Shakespeare en la selva. Lecturas de antropología social y cultural. La cultura y las culturas. Honorio M. Velasco (Comp.).Cuadernos de la UNED.Madrid, 2000.
Foto: ©Fotolia




http://lashijasdelaslunas.blogspot.com/2014/05/las-mieles-del-primer-amor.html

https://www.facebook.com/sisomosiguales?ref=hl


DERECHOS  RESERVADOS

UNA ROSA  Y  UN LIBRO

®




DERECHOS  RESERVADOS
cocinafacilparaflojos

®


Compartir en FacebookCOMPARTIR EN FACEBOOKCompartir por whatsappCOMPARTIR POR WHATSAPP


Read more here: http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/article2032865.html#storylink=cpy



Pr

No hay comentarios:

Publicar un comentario

GRACIAS POR TU OPINIÓN